Una Historia de Cuernos

 


A casi todas nos ha pasado. Ni todos los Doritos de queso del mundo sacian nuestro pobre estómago, mucho menos llenan el hueco emocional que tenemos. Inversamente a veces  lo que sentimos es una sensación de pérdida de apetito, cuando no distinguimos entre un licuado de nopal con cilantro y un helado de chocolate de Ben&Jerry’s; nuestro triste estado es tal  que podría llegar Aladino en su alfombra mágica a pasearnos por el mundo prometiéndonos felicidad eterna y a nosotros…simplemente no nos interesaría.

Igualmente la idea de descansar cual ballena varada en algún sofá mientras nuestra mente mal viaja por los callejones malolientes de desamor…es lo único sensato que se nos ocurre hacer (después claro de descartar nuestra primera tentadora opción de brincar del balcón.)

¿Qué nos ha pasado? nos preguntamos, mientras recogemos las migajas de papitas de maíz que se han ido coleccionado en nuestro seboso cabello por días y días… La respuesta= La infidelidad. No es una bonita sensación, y visualmente, seguro es horripilante. La infidelidad. Eso nos ha pasado. A nosotras, ¡a nosotras! Cómo si fuéramos una mosquita feliz volando adecuadamente de bandeja en bandeja atiborradas de manjares gastronómicos en un buffet y de repente un matamoscas impertinente se aproxima de la nada y ¡ZAZ! Nos da un golpe que nos deja discapacitadas, inertes…es que la infidelidad es exactamente lo mismo.

Lo positivo de todo esto es que efectivamente somos seres humanos, y tenemos el poder cognitivo de desasociarnos de la horrible realidad de haber sufrido una traición amorosa y lentamente recuperarnos de la pérdida de nuestra dignidad, la misma que supongo esperamos recuperar también, algún día.

Por lo menos les aseguro que la sensación de bienestar regresará. Si no me creen, miren estos ejemplos de algunos famosos que han pasado por lo mismo, a ver si les sirve de inspiración.

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